A partir de cuándo no es suficiente no lo sabe nadie más que ella.Por eso se sienta en el andén a dejar pasar vagones, sabiendo que llega tarde pero sin advertir que no va a llegar nunca.
Al principio, me inquietaba verla ahí: pensaba que se iba a tirar o algo. Pero nada. Por eso la seguí visitando, la esperé, intenté protegerla con mi mirada, salvarla y nada. No puede verme con esos ojos, vacíos de explicaciones y de humildad. No se inmuta, no se tira, no se sube. No tiene fin: no acaba jamás por amor o pasión, y ni siquiera petróleo, o al menos océano, o palomas. Nunca, nada. Ninguna fisiología que hubiera servido de mapa para navegarla.
Está seca y por eso no acaba y sólo deja pasar el último tren.
Es hora de irnos: ya no hay nada más que ver.
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